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Centros de datos: expansión, inversión y retos hídricos

Los centros de datos se han convertido en una de las infraestructuras más importantes de la economía digital.

Se trata de instalaciones que han sido diseñadas para alojar servidores, sistemas de almacenamiento y equipos de red que permiten procesar, gestionar y distribuir información a través de internet.

«Cada vez que una persona utiliza una plataforma de vídeo, realiza una compra online, consulta una aplicación bancaria o interactúa con herramientas de inteligencia artificial, está utilizando recursos alojados en alguno de estos complejos tecnológicos«, explican los expertos.

Su función principal es garantizar que los datos estén disponibles de forma permanente, segura y con tiempos de respuesta mínimos. Para ello, los centros de datos cuentan con sistemas redundantes de energía, refrigeración, conectividad y protección física.

Una interrupción de apenas unos minutos puede generar pérdidas económicas significativas para empresas y administraciones públicas, por lo que estas instalaciones están diseñadas para operar las 24 horas del día durante todo el año.

¿Por qué están en plena expansión?

La demanda de capacidad informática está creciendo a gran velocidad debido a la expansión de la nube, el comercio electrónico, el streaming y, especialmente, la inteligencia artificial. Los modelos de IA requieren enormes capacidades de procesamiento, lo que está impulsando una nueva ola de inversiones en infraestructuras digitales tanto en Europa como en España.

En el ámbito europeo, países como Irlanda, Alemania, Países Bajos, Francia y Reino Unido concentran buena parte de la capacidad instalada. Sin embargo, la saturación de algunos mercados tradicionales, el aumento de los costes energéticos y la necesidad de acercar los servicios digitales a nuevos usuarios están favoreciendo la aparición de polos alternativos en el sur del continente.

España se ha posicionado como uno de los mercados con mayor potencial de crecimiento.

Su ubicación estratégica entre Europa, África y América, junto con la llegada de nuevos cables submarinos de telecomunicaciones y una creciente disponibilidad de energías renovables, han convertido al país en un destino atractivo para operadores internacionales.

Madrid se ha consolidado como el principal nodo nacional, mientras que Barcelona, Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura y otras comunidades autónomas compiten por atraer inversiones vinculadas al sector.

Los nuevos desarrollos y los beneficios para las provincias en las que se abran

La expansión de los centros de datos está generando una transformación económica en territorios que tradicionalmente habían quedado fuera de los grandes circuitos tecnológicos.

Frente a la concentración histórica de inversiones en áreas metropolitanas, muchas compañías están buscando ubicaciones con disponibilidad de suelo, acceso a redes eléctricas potentes y menores costes operativos.

Las provincias que logran atraer estos proyectos reciben importantes inversiones iniciales para la construcción de las instalaciones. Los complejos más avanzados pueden movilizar cientos de millones de euros e incluso superar los mil millones en algunos desarrollos de gran escala. Estas inversiones benefician a empresas de construcción, ingeniería, mantenimiento, telecomunicaciones y servicios auxiliares.

Durante la fase de construcción se generan cientos de empleos directos e indirectos. Posteriormente, aunque la operación diaria requiere menos personal que otras industrias, se crean puestos de trabajo especializados en administración de sistemas, ciberseguridad, redes, electricidad industrial, climatización y mantenimiento técnico.

Otro de los efectos más destacados es la mejora de las infraestructuras locales. La necesidad de reforzar redes eléctricas, desplegar fibra óptica y mejorar conexiones de transporte puede acelerar inversiones que terminan beneficiando también a empresas y ciudadanos de la zona.

Además, la presencia de un centro de datos puede actuar como elemento tractor para otras actividades económicas. Empresas tecnológicas, proveedores de servicios digitales y compañías que necesitan procesar grandes volúmenes de información suelen valorar la proximidad a este tipo de infraestructuras. Como resultado, algunas provincias buscan desarrollar ecosistemas digitales capaces de atraer nuevas inversiones relacionadas con la innovación y la economía del conocimiento.

En territorios con problemas de despoblación o pérdida de actividad industrial, estos proyectos también representan una oportunidad para diversificar la estructura económica y aumentar la recaudación fiscal municipal mediante impuestos asociados a la construcción y explotación de las instalaciones.

Los riesgos para las políticas de agua y su consumo

Junto a las oportunidades económicas, el crecimiento de los centros de datos ha abierto un debate sobre su impacto ambiental, especialmente en relación con el consumo de agua y energía.

Los servidores generan grandes cantidades de calor durante su funcionamiento. Para mantener una temperatura adecuada es necesario utilizar sistemas de refrigeración que, dependiendo de la tecnología empleada, pueden requerir importantes volúmenes de agua. Aunque existen soluciones basadas en circuitos cerrados, refrigeración líquida avanzada o enfriamiento por aire, muchos complejos siguen necesitando recursos hídricos para garantizar su eficiencia operativa.

La preocupación aumenta en regiones sometidas a estrés hídrico o con episodios recurrentes de sequía. España es uno de los países europeos más vulnerables a los efectos del cambio climático, por lo que la instalación de grandes infraestructuras consumidoras de agua genera preguntas sobre la compatibilidad entre el desarrollo digital y la gestión sostenible de los recursos naturales.

Las administraciones públicas se enfrentan al desafío de equilibrar la atracción de inversiones con la protección de los recursos hídricos. Esto implica exigir estudios de impacto ambiental rigurosos, evaluar la disponibilidad real de agua en cada territorio y promover tecnologías que reduzcan el consumo mediante sistemas más eficientes.

Otro aspecto relevante es la transparencia. Diversas organizaciones reclaman que los operadores publiquen datos detallados sobre consumo de agua y eficiencia energética para facilitar la supervisión pública y permitir comparaciones entre instalaciones.

La evolución tecnológica está impulsando alternativas destinadas a minimizar estos impactos. Los nuevos diseños priorizan la reutilización de agua, el aprovechamiento de aguas regeneradas y la implementación de sistemas de refrigeración capaces de reducir significativamente la demanda hídrica. Paralelamente, muchas compañías están vinculando sus proyectos a contratos de suministro procedentes de energías renovables para disminuir la huella de carbono de sus operaciones.

La expansión de los centros de datos en España y Europa se desarrolla así en un contexto marcado por dos prioridades simultáneas: aumentar la capacidad digital necesaria para sostener la economía conectada y garantizar que ese crecimiento se produzca con criterios de sostenibilidad ambiental y uso responsable de los recursos.