China está atravesando un momento decisivo en sus políticas demográficas tras décadas de control estricto de la población.
Durante casi cuatro décadas, la política del hijo único consiguió reducir el número de nacimientos, con sanciones y presión social para cumplirla.
Esa política, que se aplicó desde 1979 hasta 2015, logró frenar el crecimiento poblacional, pero también dejó un legado profundo: una base demográfica envejecida, una baja tasa de fertilidad y un desequilibrio entre generaciones que hoy amenazan la sostenibilidad del desarrollo económico y social del país en un momento en el que se enfrenta a grandes retos geopolíticos de gran envergadura.
En respuesta a estos retos, Beijing ha realizado un giro intenso en su enfoque.
Primero permitió a las parejas tener dos hijos tras el fin de la política del hijo único, y luego amplió ese permiso a tres hijos en 2021 con la denominada three-child policy. Pese a estas flexibilizaciones, las tasas de natalidad siguieron cayendo, con tres años consecutivos de descenso poblacional hasta 2024.
“Esta tendencia ha llevado al liderazgo chino a considerar que la cuestión demográfica es un asunto de primera magnitud para la estabilidad económica, la provisión de mano de obra y la viabilidad de los sistemas de pensiones y seguridad social”, explican.
La narrativa oficial ha reinterpretado la natalidad como parte de una sociedad favorable a la familia, un concepto que va más allá de la mera permisividad y busca crear incentivos directos para que los ciudadanos consideren tener más hijos.
Principales medidas para incentivar la natalidad
China ha implementado y anunciado una variedad de políticas orientadas a reducir las barreras y costos asociados con tener hijos. Estas medidas combinan incentivos económicos, cambios fiscales, servicios sociales y campañas culturales para promover el matrimonio y la procreación:
- Subsidios directos por nacimiento: Muchas regiones ofrecen pagos en efectivo por cada hijo nacido, con montos que aumentan para el segundo y tercer hijo. Algunas ciudades, como Hohhot, han ofrecido hasta 100,000 yuan por hijo en conjunto con subsidios anuales.
- Subsidos y apoyos al cuidado infantil: El gobierno central y provincial está estableciendo sistemas de subsidios al cuidado infantil, con pagos anuales por niño hasta cierta edad y expansión de servicios de guardería y educación temprana.
- Extensión de permisos y apoyos laborales: Se han ampliado los permisos de maternidad y paternidad, así como beneficios asociados, para reducir el costo laboral de tener hijos.
- Beneficios fiscales y tributarios: Desde 2026, China ha introducido cambios fiscales significativos, como la imposición de un 13% de IVA sobre anticonceptivos (antes exentos), junto con exenciones fiscales para servicios de cuidado infantil y apoyos relacionados con el matrimonio, con el objetivo de reorientar incentivos.
- Mejor acceso a servicios de salud y reproductivos: Se están ampliando las coberturas de seguros médicos para incluir más servicios relacionados con la maternidad, parto e incluso tecnologías de reproducción asistida, junto con mejoras en la atención prenatal y pediátrica.
- Campañas sociales y educativas: El Estado está promoviendo campañas de “cultura de matrimonio y natalidad”, incluidas iniciativas en universidades para fomentar relaciones y la formación de familias.
Impacto esperado y críticas
Las autoridades esperan que estas políticas alivien algunas de las barreras prácticas y económicas que impiden a las parejas tener más hijos. El objetivo es crear no solo permiso legal, sino condiciones materiales que faciliten la crianza, como reducir el costo de educación y cuidado infantil o mejorar los servicios de salud reproductiva.
Sin embargo, numerosas voces expertas y sociales señalan que “estas medidas pueden ser insuficientes si no se abordan factores estructurales más profundos, como el alto costo de la vivienda, la presión profesional sobre mujeres en edad reproductiva, la desigualdad de género en el trabajo y la cultura urbana que prioriza carreras y estilo de vida por encima de la familia. Incluso con subsidios y permisos más amplios, el cambio de mentalidad entre las nuevas generaciones plantea un desafío persistente para las políticas pro-natalidad de China”.







