Bien es sabido que el tejido empresarial español está sostenido, en su gran mayoría, por empresas familiares. Organizaciones que generan muchísimos puestos de trabajo y que impulsan el Producto Interior Bruto (PIB) del país, pero que, a su vez, esconden una de las arquitecturas más complejas que existen. Porque a diferencia de las corporaciones con capital atomizado o que son gestionadas por fondos de inversión, estas deben mantener un delicado equilibrio entre los intereses comerciales, los lazos afectivos y la gestión del patrimonio común.
Como es lógico, dicha naturaleza provoca a menudo que sus dinámicas no respondan a criterios puramente financieros, y que elementos como la mezcla del patrimonio personal con los activos de la sociedad, las decisiones ejecutivas condicionadas por la jerarquía familiar o la postergación de una planificación sucesoria por el componente emocional que esta implica, las sitúen en un escenario de alta vulnerabilidad. Por lo que tratar la administración de estas empresas como si fuera cualquier otra es un grave error para un gestor, ya que su problemática requiere un análisis particular y, muy especialmente, un diseño tributario a medida.
Para demostrarlo, a continuación, analizaremos algunos desafíos que enfrentan este tipo de entidades.
Reto 1: El problema de la sucesión y su relación con la fiscalidad patrimonial
El momento más crítico en el ciclo de vida de cualquier empresa familiar es, sin duda, el relevo generacional. De hecho, las estadísticas muestran que un alto porcentaje de estas organizaciones no logra sobrevivir a la transición entre la primera y la segunda generación, y una cifra aún menor alcanza la tercera. Y aunque los motivos del cese de actividad pueden ser estratégicos, una parte sustancial de los fracasos tienen un origen exclusivamente tributario.
Recordemos que la transmisión de la propiedad tras el fallecimiento del fundador ya sea mediante una donación en vida o a través de una herencia, activa de inmediato la maquinaria impositiva del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones (ISD). La buena noticia es que, en el marco normativo español, existen reducciones fiscales que incluso pueden alcanzar el 95% o el 99% de la base imponible específicamente diseñadas para proteger la continuidad de la empresa familiar. Sin embargo, el acceso a estos beneficios no es automático ni generalista. Exige el estricto cumplimiento de una serie de requisitos relacionados con la fiscalidad patrimonial como son:
- Que la participación del grupo familiar alcance determinados porcentajes mínimos de capital.
- Que el fundador o los herederos ejerzan funciones de dirección efectivas dentro de la sociedad.
- Que la principal fuente de ingresos del sujeto proceda de las retribuciones por dichas funciones ejecutivas.
El problema se presenta cuando el responsable de la gestión fiscal o el asesor no monitoriza con regularidad estos requisitos. Porque si en el momento de producirse el relevo se descubre que el fundador redujo sus funciones directivas sin la debida estructuración o que la sociedad acumuló demasiados activos no afectos a la actividad económica, la exención se pierde. Y esto puede obligar a los herederos a liquidar o malvender activos de la propia empresa para poder hacer frente al pago de la deuda tributaria.
Reto 2: El protocolo familiar y sus derivadas en el Impuesto sobre Sociedades
Para aminorar los conflictos de convivencia que pudieran existir entre la familia y la empresa, muchas organizaciones optan por redactar un protocolo familiar. Este documento, que actúa como un marco de gobernanza privada, regula aspectos tan importantes como los requisitos para que los miembros de la siguiente generación puedan trabajar en la compañía, la política de reparto de los dividendos o las mayorías necesarias para la toma de decisiones.
Pero este no puede redactarse de espaldas a la normativa fiscal, debido a que cada una de las cláusulas suele tener una traducción directa ante la Agencia Tributaria. Por ejemplo, si el protocolo estipula retribuciones especiales para determinados miembros de la familia o regula la compraventa de participaciones entre los propios parientes a fin de evitar la entrada de socios externos, se activa de forma automática el régimen de las operaciones vinculadas.
Además, bajo la ley del Impuesto sobre Sociedades, las transacciones realizadas entre entidades de un mismo grupo familiar o entre la sociedad y sus socios-propietarios deben valorarse obligatoriamente a precios de mercado y contar con una documentación justificativa. De allí que, una gestión que no domine las especificidades de la asesoría empresa familiar corre el riesgo de sancionar acuerdos que, siendo perfectamente válidos a nivel ético o familiar, resulten circunstanciales desde el punto de vista tributario, provocando ajustes bilaterales e importantes sanciones.
Reto 3: La difusa frontera entre el patrimonio de la sociedad y el personal
Otro de los grandes focos de riesgo en la gestión de estas empresas es la tendencia a difuminar las líneas divisorias que separan la tesorería de la compañía del patrimonio particular de los fundadores. De ahí que sea habitual, en las primeras etapas de un negocio familiar, utilizar activos de la empresa para fines particulares o viceversa.
Sin embargo, esta práctica constituye un peligro fiscal de primer orden. Porque la inclusión de gastos de carácter estrictamente personal dentro de las deducciones del Impuesto sobre Sociedades o del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) de la empresa suele ser el objetivo prioritario de los planes de control tributario. De manera que la falta de una delimitación clara, además de destruir la deducibilidad de dichos gastos, también puede derivar en la imputación de rentas presuntas en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Física (IRPF) de los socios en concepto de dividendos encubiertos, multiplicando la presión fiscal sobre el núcleo familiar.
La necesidad de una visión analítica y especializada
Por todo lo anteriormente expuesto, la consultoría tributaria de una empresa con este perfil no puede limitarse a la mera presentación periódica de las liquidaciones tributarias, sino que requiere de un profundo conocimiento del derecho mercantil, así como del derecho civil-sucesorio y de las particularidades emocionales del ecosistema familiar.
A ello se debe que muchas empresas familiares recurran a despachos especializados en este tipo de negocios, tal y como ocurre en el Principado de Asturias, donde suelen buscar una asesoría fiscal Avilés que enfrenten a diario problemáticas como estas. Allí consultamos a uno de los responsables de Omega IUS, una firma que ofrece servicios profesionales de asesoría fiscal, contable, laboral y jurídica, quien nos explicó que “la empresa familiar necesita una asesoría fiscal que entienda su casuística concreta —sucesión, reparto de patrimonio, roles familiares mezclados con la gestión— porque un enfoque fiscal genérico no suele anticipar estos conflictos hasta que ya han generado un problema».
“Prueba de ello es que mientras la consultoría ordinaria actúa a trimestre vencido registrando operaciones ya cerradas, el especialista en el entorno familiar interviene en la fase de diseño de las operaciones, para asegurarse que la estructura corporativa blinde la continuidad del negocio ante cualquier contingencia civil o familiar”, dijo.
Por lo que podemos concluir que el futuro de la empresa familiar en España pasa inevitablemente por su profesionalización, un proceso que no solo implica incorporar directivos externos o implementar sistemas avanzados de control de gestión, sino también elevar el nivel de exigencia en su asesoramiento legal y tributario.
Solo aquellas familias empresarias que entiendan esto podrán proteger su patrimonio frente a contingencias tributarias innecesarias, y estarán construyendo un legado económico y social sólido para las futuras generaciones.







