Durante años, los centros de datos fueron una infraestructura prácticamente invisible para la mayoría de la población. Sin embargo, el crecimiento de la inteligencia artificial, los servicios en la nube, el comercio electrónico, el streaming y las aplicaciones digitales los ha convertido en una pieza esencial de la economía.
Son las instalaciones donde se alojan los servidores que almacenan, procesan y distribuyen enormes cantidades de información y permiten que muchos de los servicios digitales utilizados a diario funcionen de forma continua.
La expansión de la IA está acelerando especialmente esta demanda. Los modelos de inteligencia artificial necesitan una capacidad de computación muy superior a la de muchas aplicaciones tradicionales y requieren instalaciones preparadas para trabajar con grandes concentraciones de servidores.
España ha entrado en este nuevo ciclo con una capacidad instalada de 439 MW de potencia IT en centros de datos comerciales a finales de 2025, un 24% más que un año antes.
Qué necesita un centro de datos para funcionar
Un centro de datos no es simplemente una gran nave llena de ordenadores. Su construcción exige una combinación de infraestructuras eléctricas, tecnológicas, de telecomunicaciones y de seguridad diseñada para funcionar las 24 horas del día.
La electricidad es uno de los elementos fundamentales. Los servidores necesitan un suministro estable y, además, las instalaciones incorporan sistemas redundantes para mantener la actividad ante posibles interrupciones. Transformadores, subestaciones, baterías, generadores de respaldo y sistemas de distribución forman parte de esta infraestructura.
La refrigeración es otro de los grandes requisitos. Los equipos informáticos generan mucho calor y deben mantenerse dentro de unos márgenes de temperatura determinados. En instalaciones destinadas a inteligencia artificial, donde la densidad de procesamiento es especialmente elevada, están ganando peso sistemas de refrigeración líquida capaces de gestionar mayores cargas térmicas.
A esto se suma la conectividad. Un centro de datos necesita conexiones de fibra óptica de gran capacidad y baja latencia, además de rutas alternativas para evitar que una incidencia en una conexión pueda dejar aislada la instalación.
El resultado es una infraestructura que requiere grandes superficies, acceso a redes eléctricas de alta capacidad, disponibilidad de suelo industrial, telecomunicaciones y, dependiendo de la tecnología de refrigeración, recursos hídricos. Precisamente el consumo energético y de agua se ha convertido en uno de los principales aspectos del debate sobre la expansión del sector.
Madrid pierde el monopolio del mapa digital
Madrid continúa siendo el principal mercado español. La capital contaba en 2026 con una capacidad de mercado de unos 538 MW y las previsiones apuntan a que podría superar los 1.100 MW en 2030 si se materializa el conjunto de proyectos previsto.
Barcelona constituye el segundo gran polo tradicional, favorecido por su conectividad internacional y la presencia de operadores y empresas tecnológicas. Pero el crecimiento más llamativo se está produciendo fuera de los grandes mercados metropolitanos.
Aragón se ha convertido en uno de los grandes focos de inversión gracias a la disponibilidad de suelo, energía renovable y capacidad para desarrollar grandes campus. Amazon ha anunciado una inversión de 33.700 millones de euros en España para ampliar su infraestructura de centros de datos y servicios de inteligencia artificial, con Aragón como localización principal de esta expansión. El proyecto se asocia a una estimación de 29.900 empleos anuales, entre puestos directos, indirectos e inducidos.
Extremadura también está ganando peso. La región ha acumulado proyectos anunciados por más de 6.000 millones de euros y está utilizando como argumentos la disponibilidad de suelo y electricidad renovable para atraer instalaciones de gran tamaño.
El mapa se amplía además hacia Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Andalucía y País Vasco. Hay proyectos en Talavera de la Reina y Toledo, nuevas instalaciones en Valencia, desarrollos relacionados con inteligencia artificial en Granada y nuevos centros en Bizkaia.
Un sector que genera empleo, aunque de una forma particular
La creación de empleo es uno de los efectos asociados a esta expansión, pero conviene diferenciar entre las distintas fases. La construcción de un gran centro de datos puede movilizar durante años a ingenieros, arquitectos, instaladores eléctricos, especialistas en climatización, profesionales de telecomunicaciones, construcción y seguridad.
Una vez operativo, el número de trabajadores permanentes es menor, pero aparecen perfiles especializados relacionados con operaciones, mantenimiento, redes, ciberseguridad, sistemas, energía y gestión de instalaciones. También crece el empleo indirecto generado por proveedores, empresas de mantenimiento, logística, seguridad y servicios profesionales.
Las estimaciones de SpainDC apuntan a que el sector podría movilizar 66.900 millones de euros de inversión directa e indirecta hasta 2030 y superar los 16.000 empleos. En el caso de la inversión de AWS, el Gobierno calcula 6.700 puestos de trabajo a tiempo completo vinculados directamente a operaciones, proveedores, construcción y seguridad, dentro del impacto laboral total estimado.
Qué puede ocurrir en los próximos diez años
Las previsiones muestran una expansión considerable, aunque no todos los proyectos anunciados acabarán construyéndose.
SpainDC calcula que la capacidad instalada podría alcanzar 2.537 MW en 2030, frente a los 439 MW registrados a finales de 2025.
A más largo plazo, Morgan Stanley ha elevado su previsión para España hasta 4,3 GW de capacidad en 2035, frente a los 2,8 GW que contemplaba anteriormente. La estimación supondría multiplicar aproximadamente por once la capacidad existente a finales de 2025.
El volumen de proyectos anunciados es incluso superior. CBRE ha identificado iniciativas en España y Portugal que alcanzarían 10,5 GW y una inversión aproximada de 100.000 millones de euros, aunque una parte importante todavía se encuentra en fases de planificación y no dispone de financiación o calendario definitivo.
La evolución dependerá, por tanto, de algo más que de la demanda tecnológica. La capacidad de las redes eléctricas, el acceso a energías renovables, la disponibilidad de agua, la regulación y la rapidez para desarrollar nuevas infraestructuras serán determinantes. El sector ya tiene reservados volúmenes de potencia muy superiores a los que previsiblemente llegarán a materializarse, lo que evidencia que existe una distancia importante entre los proyectos anunciados y las instalaciones que finalmente entrarán en funcionamiento.
En los próximos cinco años, España puede pasar de contar con unos pocos grandes polos digitales a disponer de una red mucho más distribuida de campus especializados. A diez años vista, la evolución estará estrechamente ligada al crecimiento de la inteligencia artificial y a la capacidad del país para convertir su disponibilidad de suelo y renovables en infraestructura digital operativa.







