El Salario Mínimo Interprofesional (SMI) vuelve a entrar en fase de negociación de cara a 2027.
El Ministerio de Trabajo ha puesto en marcha la comisión de expertos encargada de calcular qué incremento debería aplicarse y ha fijado un calendario especialmente rápido: sus recomendaciones deben estar disponibles a finales de octubre o comienzos de noviembre, antes de abrir la negociación con sindicatos y organizaciones empresariales. El País
La referencia actual es de 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas, equivalentes a 17.094 euros brutos anuales. La cuantía fue aprobada para 2026 con una subida del 3,1%. BOE
La cuestión ahora es cuánto debe subir en 2027 y, sobre todo, cómo se reparte el impacto entre trabajadores y empresas.
Entre el 3,3% y el 4,9%: las cifras que se manejan
Todavía no existe una cantidad oficial para 2027. Sin embargo, los datos de inflación permiten dibujar varios escenarios.
La inflación media acumulada que se está manejando se sitúa alrededor del 3,3%, mientras que el IPC interanual ha llegado al 4,9% en septiembre. No son magnitudes equivalentes: el primero refleja una media y el segundo compara un mes concreto con el mismo mes del año anterior.
- Si el Gobierno aplicara una subida del 3,3%, el SMI pasaría aproximadamente a 1.261 euros en 14 pagas, con un salario anual de unos 17.658 euros.
- Con una subida del 4,9%, alcanzaría aproximadamente 1.281 euros mensuales, unos 17.932 euros anuales.
Estas cifras son escenarios orientativos, no propuestas cerradas. La comisión debe considerar también la evolución de los salarios, la productividad y otros indicadores económicos antes de formular su recomendación.
Además, el Gobierno ha señalado que la subida debe permitir preservar el poder adquisitivo ante el repunte de los precios.
Qué gana y qué pierde el trabajador
Para quien cobra exactamente el SMI, una subida por encima de la inflación media supone un incremento de capacidad de compra, siempre que los precios no continúen acelerándose posteriormente.
También aumenta la base sobre la que se calculan determinadas prestaciones y futuras pensiones. El efecto, sin embargo, no equivale al incremento bruto anunciado.
En 2026, la cotización del trabajador por contingencias comunes es del 4,7%, a la que se añaden un 1,55% por desempleo, un 0,10% por formación profesional y un 0,15% correspondiente al Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI). En conjunto, el trabajador soporta aproximadamente un 6,5% de cotizaciones sobre la base correspondiente.
Hay, además, una particularidad fiscal importante. Para 2026, Hacienda amplió la deducción para rentas bajas hasta garantizar que quienes perciben el SMI queden exentos de IRPF.
La medida se aplica a salarios de hasta 17.094 euros y disminuye progresivamente hasta los 20.000 euros.
Por tanto, no debe darse por hecho que el trabajador vaya a pagar IRPF sobre la nueva cuantía de 2027. Será necesario conocer la normativa fiscal que se apruebe para ese ejercicio. Una subida del SMI puede incrementar el bruto y, al mismo tiempo, no traducirse en una retención de IRPF equivalente si se mantienen o amplían las medidas para rentas bajas.
El efecto positivo para el trabajador es, por tanto, evidente en términos de salario bruto y cotización.
El contrapunto es que una parte del incremento se destina a cotizaciones y que el poder adquisitivo adicional puede reducirse si la inflación permanece elevada.
Cuánto le cuesta realmente a una empresa pagar el SMI
Aquí aparece una de las diferencias más importantes entre salario y coste laboral.
Una empresa no paga únicamente los 17.094 euros brutos anuales del SMI. También debe asumir las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social.
En 2026, para un trabajador indefinido, la empresa aporta un 23,6% por contingencias comunes, un 5,5% por desempleo, un 0,2% para FOGASA, un 0,6% por formación profesional y un 0,75% por el MEI.
En total, un 30,65%, antes de incorporar la cotización por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, que depende de la actividad.
La base mínima de cotización por contingencias profesionales es actualmente de 1.424,40 euros mensuales, una cifra prácticamente equivalente al SMI anual prorrateado en 12 mensualidades.
Con los tipos actuales, un trabajador con un SMI de 17.094 euros genera aproximadamente 5.239 euros anuales de cotizaciones empresariales, antes de sumar accidentes de trabajo.
Eso sitúa el coste empresarial en torno a 22.333 euros anuales, frente a los 17.094 euros de salario bruto.
La diferencia es todavía mayor cuando se incorpora la prima de accidentes laborales correspondiente a la actividad.
¿Qué ocurriría con una subida del 4,9%?
Con un SMI de aproximadamente 17.932 euros anuales, manteniendo exclusivamente como referencia los tipos de cotización de 2026, las cotizaciones empresariales ascenderían a unos 5.496 euros.
El coste laboral directo se situaría, por tanto, alrededor de 23.428 euros anuales, antes de accidentes de trabajo.
La diferencia respecto al SMI actual sería de aproximadamente 1.094 euros anuales por trabajador, sumando salario bruto y cotizaciones empresariales.
En una empresa con diez trabajadores exactamente situados en el SMI, el incremento superaría los 10.900 euros anuales, sin considerar otros costes laborales ni posibles cambios en las cotizaciones de 2027.
El impacto empresarial no siempre es igual
La subida tiene una consecuencia adicional: no todos los trabajadores que cobran salarios cercanos al SMI están necesariamente protegidos de la misma manera frente al incremento.
El Real Decreto del SMI establece que la comparación se realiza sobre el salario anual y permite la compensación y absorción cuando las percepciones salariales globales ya superan el mínimo establecido.
Esto significa que el impacto sobre una empresa puede ser limitado si determinados empleados ya cobran por encima del nuevo mínimo. En cambio, será mucho más directo en sectores donde existe una elevada concentración de salarios próximos al SMI.
Para las empresas, el beneficio potencial de una subida salarial también existe. Un mayor salario puede favorecer la retención de trabajadores, reducir rotación y mejorar la capacidad de determinados puestos para atraer candidatos. Pero esos efectos dependen de cada sector y no compensan automáticamente el aumento de costes.
El perjuicio aparece con mayor claridad en actividades con márgenes reducidos y mucha mano de obra. En estos casos, la empresa puede intentar absorber el incremento mediante una reducción del margen, aumentar precios, reorganizar horarios o inversión, mejorar productividad o limitar nuevas contrataciones.
Una subida con efectos diferentes para cada parte
La discusión sobre el SMI no se reduce, por tanto, a decidir si 1.221 euros deben convertirse en 1.260, 1.280 o una cifra superior.
Para los trabajadores, una subida por encima de la inflación permite mejorar el salario real, aunque el resultado dependerá de la evolución posterior de los precios, las cotizaciones y la fiscalidad.
Para las empresas, supone un aumento directo del coste laboral que va más allá del incremento del salario bruto debido a las cotizaciones sociales. El impacto será mayor en negocios intensivos en empleo y con salarios próximos al mínimo.
Existe también un efecto indirecto. Cuando aumenta el SMI, los trabajadores que están ligeramente por encima pueden reclamar o negociar incrementos para mantener las diferencias entre categorías profesionales.
Esto puede trasladar el impacto a una parte de las plantillas que inicialmente no estaba afectada directamente.













