Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Deflactar el IRPF: alivio fiscal ante la subida de hipotecas

El repunte de tensiones en Oriente Medio está teniendo un efecto directo sobre los precios de la energía y, en consecuencia, sobre la inflación global.

Este encarecimiento sostenido empuja a los bancos centrales a mantener o incluso endurecer su política monetaria, lo que se traduce en tipos de interés más altos durante más tiempo.

Para miles de hogares, esto implica un aumento significativo en las cuotas de sus hipotecas, especialmente las variables.

Ante esta previsión, el Partido Popular plantea la deflactación del IRPF como una vía para aliviar la presión sobre las rentas medias y bajas, particularmente aquellas más expuestas al encarecimiento del crédito.

¿Qué es deflactar el IRPF?

Deflactar el IRPF consiste en ajustar los tramos del impuesto sobre la renta de las personas físicas a la inflación. Cuando los precios suben, los salarios suelen incrementarse de forma nominal, pero no necesariamente en términos reales. Sin embargo, si los tramos del impuesto permanecen congelados, ese aumento salarial puede hacer que el contribuyente pase a un tramo superior o pague más impuestos sin haber ganado poder adquisitivo.

Al deflactar el IRPF, se elevan los límites de cada tramo en proporción a la inflación.

De este modo, se evita lo que se conoce como “progresividad en frío”, que es el aumento de la carga fiscal sin una mejora real en la capacidad económica del contribuyente.

¿Qué supondría para el bolsillo?

La principal consecuencia sería un alivio fiscal directo. Los contribuyentes verían reducida su carga impositiva o, al menos, evitarían pagar más impuestos simplemente por la subida nominal de sus ingresos. En un entorno de tipos de interés elevados y cuotas hipotecarias al alza, este ajuste podría traducirse en una mayor liquidez mensual para los hogares.

En la práctica, esto no implica recibir una ayuda directa, sino pagar menos o no pagar de más. Para quienes están soportando un incremento notable en su hipoteca, ese margen adicional puede ser relevante para mantener el equilibrio financiero familiar.

Cuánto pueden subir las cuotas

Por cada subida de 1 punto porcentual del euríbor, la cuota mensual de una hipoteca media puede aumentar entre 50 y 150 euros al mes. En términos anuales, eso supone 600 a 1.800 euros más.

Si el movimiento de tipos es más intenso, el impacto se multiplica:

En ciclos recientes de subidas fuertes (como 2022-2023), los hogares llegaron a pagar entre 3.000 y 6.000 euros más al año en hipotecas variables.

Las previsiones apuntan a un euríbor en torno al 2,2%–2,3% en 2026, pero con riesgos al alza si la inflación repunta.

En el escenario actual, el riesgo no es tanto una subida puntual, sino que los tipos se mantengan altos durante más tiempo.

¿Qué otras medidas se podrían poner en marcha?

Además de la deflactación del IRPF, existen otras herramientas que podrían complementar este tipo de alivio fiscal.

Una de ellas sería la introducción de deducciones específicas vinculadas a la vivienda habitual, especialmente dirigidas a quienes han visto encarecerse su préstamo hipotecario.

También se podrían aplicar bonificaciones temporales en impuestos relacionados con la energía o incentivar la renegociación de hipotecas mediante acuerdos con entidades financieras.

Otra vía sería actuar sobre el gasto, reforzando ayudas directas a los colectivos más vulnerables o ampliando los mecanismos de protección frente a subidas abruptas de tipos. En cualquier caso, la clave está en diseñar medidas que compensen la pérdida de poder adquisitivo sin generar desequilibrios fiscales a medio plazo.

La venta de viviendas se ralentiza

La compraventa de vivienda en España ha mostrado una clara desaceleración tras el auge registrado en los años posteriores a la pandemia.

El principal factor detrás de esta caída es el endurecimiento de las condiciones de financiación: la subida de tipos de interés ha encarecido las hipotecas y ha reducido la capacidad de compra de los hogares. A esto se suma la persistencia de precios elevados, lo que ha generado un desajuste entre oferta y demanda y ha llevado a muchos potenciales compradores a posponer decisiones de adquisición.

Además, la incertidumbre económica, marcada por la inflación y el contexto internacional, también está influyendo en el comportamiento del mercado.

Aunque la demanda estructural de vivienda sigue siendo sólida en determinadas zonas, el volumen de operaciones se ha moderado de forma notable. En este escenario, el sector inmobiliario entra en una fase de ajuste en la que la evolución futura dependerá en gran medida de la trayectoria de los tipos de interés y de la recuperación del poder adquisitivo de los hogares.