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SpaceX salta a bolsa: claves de la mayor OPV de la década

La salida a Bolsa de SpaceX marca un punto de inflexión para los mercados financieros.

No se trata únicamente del estreno bursátil de la compañía aeroespacial más influyente del mundo, sino de una operación que aspira a convertirse en la mayor OPV de la historia.

La empresa fundada por Elon Musk pretende captar alrededor de 75.000 millones de dólares con una valoración cercana a los 1,75 billones, una cifra que la situaría desde el primer día entre las compañías más valiosas del planeta.

La operación llega después de años de especulación. Durante más de una década, SpaceX se financió mediante rondas privadas que permitieron a fondos institucionales y grandes patrimonios participar en su crecimiento mientras los pequeños inversores observaban desde la barrera. La OPV abre por primera vez esa puerta a millones de particulares atraídos por el liderazgo de la compañía en lanzamientos espaciales, el crecimiento de Starlink y la figura de Elon Musk.

El precio fijado para la colocación es de 135 dólares por acción. Según la documentación conocida hasta ahora, la compañía planea vender alrededor de 556 millones de títulos, manteniendo sin cambios el rango previsto pese a la fuerte demanda detectada durante las reuniones con inversores.

¿Cuánto sale a bolsa?

Uno de los aspectos más relevantes es el reducido porcentaje del capital que llegará realmente al mercado.

Diversas estimaciones sitúan el free float entre el 4% y el 5% del total de la empresa, una proporción muy inferior a la habitual en grandes estrenos bursátiles. Eso significa que la oferta disponible para comprar será limitada, mientras que la demanda podría alcanzar niveles extraordinarios.

Ese desequilibrio explica por qué muchos analistas esperan fuertes subidas y una elevada volatilidad durante las primeras sesiones. A diferencia de otras OPV recientes, SpaceX ha reservado una parte significativa de las acciones para inversores minoristas.

Algunas estimaciones apuntan a que hasta el 30% de los títulos ofertados podrían acabar en manos de particulares, frente a porcentajes cercanos al 5% o 10% que suelen verse en operaciones de este tipo.

El atractivo para los inversores es evidente. Los perfiles más interesados serán aquellos que buscan exposición a sectores con gran potencial de crecimiento, desde la economía espacial hasta las telecomunicaciones por satélite y la inteligencia artificial. También atraerá a quienes ven en Elon Musk un creador de valor capaz de desarrollar negocios disruptivos a gran escala. La combinación de tecnología avanzada, ambición empresarial y una marca globalmente reconocida convierte a SpaceX en un activo difícil de comparar con cualquier otra empresa cotizada.

¿Dónde surgen las dudas?

Sin embargo, el entusiasmo convive con dudas importantes. La valoración propuesta implica múltiplos muy superiores a los de la mayoría de gigantes tecnológicos. Algunas firmas de análisis consideran que el valor razonable de la compañía estaría sustancialmente por debajo de los 1,75 billones planteados para la OPV.

Morningstar, por ejemplo, ha estimado una valoración cercana a los 780.000 millones de dólares, menos de la mitad de la cifra que persigue el mercado.

La estructura de gobierno corporativo también genera debate. Elon Musk conservará más del 85% de los derechos de voto gracias a un esquema de acciones con distintas clases, lo que le permitirá mantener un control casi absoluto sobre las decisiones estratégicas de la compañía incluso después de la salida a Bolsa.

Para algunos inversores eso garantiza continuidad en la visión empresarial; para otros supone una limitación significativa de los derechos de los accionistas minoritarios.

La evolución bursátil durante los primeros meses dependerá en gran medida de la capacidad de SpaceX para justificar una valoración tan exigente. El escenario más optimista contempla una fuerte revalorización inicial impulsada por la escasez de acciones disponibles y por la entrada masiva de inversores que llevan años esperando esta oportunidad.

El escenario más prudente apunta a una corrección progresiva una vez desaparezca el efecto novedad y el mercado empiece a exigir resultados acordes con una capitalización cercana a los dos billones de dólares.

Sea cual sea el comportamiento de la cotización, la OPV de SpaceX representa mucho más que el debut de una empresa. Simboliza la llegada definitiva de la economía espacial a los mercados públicos y redefine el tamaño que puede alcanzar una salida a Bolsa en el siglo XXI. Si la operación tiene éxito, podría abrir el camino para que otras compañías tecnológicas de enorme valoración sigan el mismo camino en los próximos años.