Más allá de descubrir quién es culpable
Una de las cosas que diferencia Expediente Serotonina de una investigación policial convencional es que el objetivo no termina siendo únicamente descubrir quién ha cometido cada delito.
La novela sí desarrolla investigaciones, interrogatorios, pruebas y detenciones, y Jaume Albertí trabaja desde una perspectiva claramente policial. Pero junto a él está Melvin Peaks, que persigue una respuesta diferente.
A Melvin no le basta con saber quién lo hizo. Quiere saber por qué esa persona fue capaz de hacerlo.
Esa diferencia condiciona toda la novela.
Mientras Albertí intenta reconstruir los hechos, Melvin analiza a las personas implicadas. Quiere conocer su pasado, estudiar sus comportamientos y encontrar elementos que puedan explicar sus decisiones.
Por eso la historia va pasando de un caso a otro y presenta personajes muy diferentes.
Una investigación que cada vez se vuelve más personal
El problema es que los investigadores no pueden mantenerse siempre al margen de aquello que estudian.
Esto resulta especialmente evidente en Jaume Albertí. Su relación profesional con Melvin comienza con cierta resistencia, pero ambos terminan compartiendo diferentes investigaciones y enfrentándose a situaciones cada vez más complicadas.
La situación cambia completamente cuando la violencia alcanza a su familia.
A partir de ese momento, Albertí deja de ser solamente el policía que investiga los casos. También es una persona que está sufriendo las consecuencias de aquello que intenta resolver.
Melvin vive algo diferente. Su implicación es intelectual, pero su obsesión también le pone en peligro. Incluso cuando es atacado, su primera reacción está relacionada con su necesidad de comprender a la persona responsable.
Ivana observa esa obsesión desde fuera y acaba teniendo dificultades para convivir con ella. Su relación con Melvin permite introducir una pregunta que la investigación policial no puede responder: ¿hasta dónde se puede llegar para intentar comprender el mal?
El expediente termina, pero la pregunta continúa
Las diferentes investigaciones terminan avanzando hacia resoluciones concretas. Hay detenciones, acusaciones y personajes que acaban en prisión mientras las autoridades intentan determinar sus responsabilidades.
Sin embargo, Melvin continúa trabajando.
Todo lo que ha descubierto durante sus investigaciones termina convertido en un proyecto mucho mayor. Recoge las historias de los protagonistas, estudia sus comportamientos y desarrolla sus conclusiones sobre aquello que lleva toda la novela intentando explicar.
El resultado tiene éxito, pero no significa que haya encontrado una respuesta absoluta.
La ruptura con Ivana demuestra que las consecuencias de su obsesión van más allá del ámbito profesional. Ella entiende que Melvin no puede dejar de mirar hacia ese lado oscuro de las personas.
Y entonces llega una última contradicción: Marga, una de las personas que más ha estudiado, cuestiona que realmente haya conseguido comprenderla.
Ese cierre resulta especialmente apropiado porque la novela empieza preguntando de dónde nace el mal y termina demostrando lo difícil que es responder a esa pregunta.
Puede haber factores biológicos, familiares, sociales y personales. Puede haber circunstancias que influyan en las decisiones. Puede haber patrones que se repitan.
Pero ninguna de esas explicaciones convierte automáticamente a una persona en un resultado predecible.
Expediente Serotonina utiliza así la investigación policial como punto de partida para hablar de algo bastante más amplio: la dificultad de entender por qué unas personas cruzan determinadas líneas y otras no.
Y quizá la conclusión más interesante no sea que Melvin haya encontrado la respuesta, sino que cuanto más estudia a sus protagonistas, más evidente resulta que la mente humana no se deja resolver con tanta facilidad como un expediente policial.






