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Espacio Schengen: qué es, cómo funciona y sus desafíos

El espacio Schengen es uno de los mayores logros de la integración europea.

Gracias a este acuerdo, millones de personas pueden cruzar las fronteras entre numerosos países europeos sin necesidad de pasar controles fronterizos.

Para quienes viven, trabajan, estudian o viajan dentro de Europa, Schengen ha transformado la movilidad hasta el punto de que muchas veces resulta imperceptible cuándo se pasa de un país a otro.

Sin embargo, el espacio Schengen va mucho más allá del turismo. Se trata de un sistema basado en la cooperación entre Estados que comparten normas comunes para controlar las fronteras exteriores, intercambiar información policial y coordinar la política de visados.

En los últimos años, el aumento de los flujos migratorios, las amenazas terroristas, las crisis sanitarias y las tensiones geopolíticas han puesto a prueba un modelo que continúa siendo una de las piezas centrales de la construcción europea.

Qué es el espacio Schengen y por qué se creó

El espacio Schengen es una zona formada por países europeos que han eliminado los controles sistemáticos en sus fronteras interiores. Esto significa que una persona puede viajar de un Estado miembro a otro sin tener que mostrar el pasaporte o someterse a controles fronterizos, salvo en circunstancias excepcionales.

El origen del acuerdo se remonta al 14 de junio de 1985, cuando cinco países —Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo— firmaron el Acuerdo de Schengen en la localidad luxemburguesa del mismo nombre. Su objetivo era facilitar la libre circulación de personas y reforzar la integración económica entre los países participantes.

Aquel acuerdo fue desarrollándose durante los años siguientes hasta que comenzó a aplicarse de forma efectiva en 1995. Posteriormente, el Tratado de Ámsterdam de 1999 incorporó el sistema Schengen al marco jurídico de la Unión Europea, convirtiéndolo en una de las políticas comunitarias más importantes.

El principio fundamental es sencillo: si desaparecen las fronteras interiores, es necesario reforzar la vigilancia de las fronteras exteriores. Por ello, los países participantes aplican normas comunes sobre el control de entrada de viajeros procedentes de terceros países, la expedición de visados de corta duración y la cooperación entre cuerpos policiales y autoridades judiciales.

Actualmente, el espacio Schengen está formado por 29 países.

La mayoría pertenecen a la Unión Europea, aunque también participan varios Estados que no son miembros comunitarios.

Entre los países de la UE que forman parte del espacio Schengen se encuentran España, Portugal, Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Austria, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Malta, Grecia, Croacia, Bulgaria y Rumanía.

También participan Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein, que no pertenecen a la Unión Europea pero sí al acuerdo Schengen mediante tratados específicos.

Por el contrario, algunos países de la UE permanecen fuera del espacio Schengen. Irlanda mantiene un régimen propio de control fronterizo vinculado a su histórica Área Común de Viaje con el Reino Unido. Chipre continúa preparando su incorporación mediante la adaptación de sus sistemas de control fronterizo y seguridad.

Cómo funciona Schengen en la práctica

La desaparición de los controles fronterizos interiores no implica la ausencia de vigilancia. Los viajeros pueden desplazarse libremente entre los países Schengen, pero las autoridades conservan la capacidad de realizar controles policiales dentro del territorio cuando existen motivos relacionados con la seguridad o la prevención del delito.

Para los ciudadanos de los países participantes, viajar resulta muy similar a desplazarse entre distintas regiones de un mismo Estado. Basta con llevar un documento de identidad válido, ya que las compañías aéreas, ferroviarias o marítimas pueden solicitar su identificación.

En el caso de ciudadanos procedentes de países que necesitan visado, el denominado visado Schengen permite permanecer hasta 90 días dentro de un período de 180 días en cualquiera de los Estados participantes. Esto evita tener que solicitar autorizaciones distintas para cada país.

Una pieza esencial del funcionamiento del sistema es el Sistema de Información de Schengen (SIS), una gran base de datos compartida por las autoridades nacionales.

En ella se intercambia información sobre personas buscadas, vehículos robados, documentos falsificados o individuos con prohibiciones de entrada, facilitando una actuación coordinada entre policías, guardias fronterizas y autoridades judiciales.

La cooperación también alcanza aspectos como las investigaciones policiales transfronterizas, la persecución del crimen organizado, la lucha contra el terrorismo y el intercambio de información sobre inmigración irregular.

Aunque la norma general es la libre circulación, los países pueden restablecer temporalmente controles en las fronteras interiores cuando existen amenazas graves para el orden público o la seguridad nacional. Esto ha ocurrido durante acontecimientos internacionales de gran relevancia, atentados terroristas, la pandemia de COVID-19 o las recientes presiones migratorias en determinados puntos de entrada a Europa.

Los principales retos que afronta el espacio Schengen

El espacio Schengen vive actualmente uno de los momentos más complejos desde su creación. El incremento de los movimientos migratorios hacia Europa ha reabierto el debate sobre el equilibrio entre la libre circulación y el control efectivo de las fronteras exteriores.

Las llegadas de personas a través del Mediterráneo, los Balcanes o la frontera oriental europea obligan a reforzar la cooperación entre los Estados y a mejorar los sistemas de gestión común. La Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, conocida como Frontex, desempeña un papel cada vez más relevante en la vigilancia de las fronteras exteriores y en el apoyo a los países que soportan mayor presión migratoria.

Otro desafío importante es la seguridad. Las amenazas relacionadas con el terrorismo internacional, las redes criminales dedicadas al tráfico de personas, el narcotráfico o la ciberdelincuencia exigen una coordinación constante entre los servicios policiales y judiciales europeos.

A ello se suma el debate político sobre los controles temporales en las fronteras interiores. Varios países han mantenido durante largos periodos medidas excepcionales alegando razones de seguridad o presión migratoria, lo que ha generado críticas por considerar que estas restricciones pueden debilitar uno de los principios fundamentales del proyecto europeo.

La digitalización también marcará el futuro de Schengen. La Unión Europea está implantando nuevos sistemas tecnológicos para registrar las entradas y salidas de viajeros procedentes de terceros países, automatizar controles fronterizos y reforzar la identificación biométrica. El objetivo es combinar una circulación más ágil para los viajeros con mayores garantías de seguridad.

Más de cuatro décadas después de la firma del acuerdo original, el espacio Schengen continúa siendo uno de los mayores símbolos de la integración europea. Su funcionamiento depende del delicado equilibrio entre la libertad de movimiento de millones de personas y la capacidad de los Estados para proteger sus fronteras exteriores, cooperar frente a amenazas comunes y responder de forma coordinada a las crisis que afectan al conjunto del continente.