Llega al calendario uno de los acontecimientos que han marcado a la historia más reciente, apenas quedan días para llegar al primer aniversario del gran apagón del 28 de abril de 2025, que dejó a toda la Península Ibérica sin electricidad durante horas y abrió un debate incómodo sobre la estabilidad del sistema eléctrico español.
Aquella caída total, lo que los técnicos llaman un “cero energético”, parecía un episodio excepcional. Sin embargo, menos de un año después, el sistema volvió a atravesar una situación delicada que pasó casi desapercibida para la mayoría de los ciudadanos.
La historia del primer cero energético de la historia reciente
El 28 de enero de 2026, una combinación de factores meteorológicos y operativos obligó al operador del sistema, Red Eléctrica de España, a activar mecanismos de emergencia para evitar un desequilibrio grave entre generación y consumo. La situación no llegó a traducirse en cortes de luz domésticos, pero sí se adoptaron medidas extraordinarias que revelan hasta qué punto el sistema puede tensarse en determinados momentos.
Lo que ocurrió aquella mañana fue relativamente simple desde el punto de vista técnico, aunque sus implicaciones son complejas.
«Una borrasca intensa provocó vientos extremos en varias zonas de la Península. Cuando el viento supera determinados límites, los aerogeneradores deben detenerse automáticamente para evitar daños en las turbinas. En cuestión de minutos, miles de megavatios de generación eólica previstos desaparecieron del sistema justo cuando la demanda empezaba a aumentar por el frío invernal», explicaron entonces los expertos.
A ese descenso repentino se sumó otro factor: Portugal redujo de forma drástica sus exportaciones eléctricas hacia España en ese mismo momento.
El resultado fue un desajuste entre oferta y demanda que obligó a activar el llamado Servicio de Respuesta Activa de la Demanda, un mecanismo que permite desconectar temporalmente a grandes consumidores industriales para estabilizar la red.
La medida funcionó y el sistema recuperó su equilibrio en unas horas.
Pero varios expertos han señalado que, sin esa intervención rápida, el episodio podría haber derivado en un apagón generalizado. En otras palabras: el sistema estuvo bajo presión, aunque no llegó a colapsar.
Qué significa realmente un “cero energético”
El término “cero energético” describe el peor escenario posible en un sistema eléctrico: la pérdida total de sincronización entre generación y consumo, lo que provoca que la red se desconecte en cascada.
Cuando ocurre, el suministro eléctrico desaparece prácticamente al mismo tiempo en todo el territorio conectado a esa red.
La recuperación tampoco es inmediata. Reiniciar un sistema eléctrico completo es un proceso complejo conocido como arranque en negro, en el que pequeñas centrales van encendiendo progresivamente otras instalaciones hasta reconstruir la red paso a paso.
Tras el apagón de 2025, el restablecimiento completo tardó horas.
Las investigaciones posteriores señalaron una combinación de factores técnicos: oscilaciones de tensión, desconexiones automáticas de plantas de generación y problemas de estabilización de la frecuencia.
Uno de los retos estructurales del sistema eléctrico europeo es que el mix energético está cambiando rápidamente. Las energías renovables, como la solar o la eólica, aportan una gran cantidad de electricidad limpia, pero también introducen una mayor variabilidad en la generación. Si no se acompaña de suficiente capacidad de regulación —centrales que puedan subir o bajar potencia rápidamente— el sistema puede volverse más sensible a perturbaciones.
¿Puede volver a ocurrir pronto?
Los expertos coinciden en que un apagón total es un evento extremadamente raro. El sistema eléctrico está diseñado con múltiples capas de seguridad y mecanismos de compensación que se activan automáticamente cuando se detectan desequilibrios.
Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que esos sistemas tienen límites. En los meses posteriores al apagón de 2025 se han registrado varios episodios de tensión en la red: oscilaciones de voltaje, activación de mecanismos de emergencia y desconexiones preventivas de grandes consumidores industriales.
Las investigaciones parlamentarias y regulatorias también han revelado que algunos operadores ya habían detectado anomalías en la red semanas antes del gran apagón, con caídas de tensión y fluctuaciones bruscas de potencia.
Eso no significa que España esté al borde de un nuevo colapso eléctrico, pero sí que el sistema se enfrenta a un periodo de transición complejo en el que el equilibrio entre generación, almacenamiento e interconexiones internacionales será crucial.
Las autoridades europeas llevan años recomendando que la población adopte medidas básicas de preparación ante emergencias, no solo por posibles apagones sino también por catástrofes naturales, crisis energéticas o conflictos.
El kit de emergencia para 72 horas
Tras el inicio de la guerra en Ucrania, el Gobierno de Francia popularizó la recomendación de mantener en casa un kit básico de supervivencia para tres días.
Se trata de disponer de lo necesario para cubrir las necesidades básicas durante al menos 72 horas en caso de interrupción del suministro eléctrico, de agua o de comunicaciones.
La recomendación incluye una lista mínima de objetos que deberían estar disponibles en cualquier hogar:
* agua potable embotellada
* alimentos no perecederos (conservas, frutos secos, barritas energéticas)
* radio portátil a pilas
* linterna
* pilas de repuesto
* velas y cerillas o encendedor
* cargadores solares o baterías externas para teléfonos móviles
* botiquín básico con medicamentos esenciales
* manta térmica o mantas de abrigo
* copias de documentos importantes
* algo de dinero en efectivo
Aunque la probabilidad de un apagón prolongado siga siendo baja, el debate sobre la resiliencia energética está cada vez más presente en Europa. Episodios como el de enero muestran que el sistema eléctrico puede entrar en situaciones delicadas en cuestión de minutos, y que la estabilidad depende de un equilibrio extremadamente preciso entre tecnología, clima y gestión operativa.







