El proyecto del Euro digital nació con la publicación, en octubre de 2020, del informe del Banco Central Europeo (BCE), que exploraba la posibilidad de emitir una versión digital del euro como forma de dinero de banco central accesible electrónicamente.
Una posibilidad que tardó tan sólo 9 meses en lanzarse de manera oficial. Lo que estaba claro es que no podía ser de cualquier manera.
Así, entre 2021 y 2023, se puso en marcha la llamada “fase de investigación” en la que se plantearon y se estudiaron distintas opciones de diseño, distribución, impacto para consumidores, privacidad, aspectos técnicos y económicos, además de debatir con actores del mercado y gobiernos. Hay que tener en cuenta que este tipo de acciones está suponiendo cierta suspicacia entre los ciudadanos, por lo que era necesario hacer un planteamiento no sólo transparente sino útil y que apenas dejara a nadie fuera del sistema.
A partir del 1 de noviembre de 2023 arrancó la que han llamado la fase de preparación. Se trataba de definir las reglas, seleccionar los proveedores de infraestructura, prototipar soluciones y planear pruebas piloto.
Actualmente, por situar la evolución del proceso, cinco años después de aquel primer artículo, se encuentra en la etapa de desarrollo técnico porque la idea es que, en un par de años, esté en marcha.
¿Cuáles son las principales preguntas?
¿Cuándo se va a poner en marcha?
Según los plazos recientemente establecidos por el Eurosistema, si se aprueba la normativa legal necesaria en 2026, podría iniciarse un periodo piloto hacia mediados de 2027 para poder comprobar cómo responden el sistema bancario, los ciudadanos y las empresas.
La primera emisión real del Euro digital, es decir, cuando los ciudadanos puedan empezar a usarlo libremente, será ya para el año 2029 según avanza su calendario.
¿Será obligatorio su uso?
No.
El Euro digital no pretende reemplazar el dinero en efectivo, sino complementarlo. Es, en teoría, una forma de poder competir también en la era de la criptomoneda con un tipo de divisa digital que esté normalizada en el sistema bancario.
De hecho, para quienes temen que sea el principio del fin del dinero físico, el propio BCE afirma que la coexistencia con billetes y monedas físicas se mantendrá. Será una opción más: quien prefiera seguir usando efectivo podrá hacerlo; quien quiera usar el Euro digital podrá adoptarlo sin obligación.
¿Cómo va a funcionar en el día a día?
El Euro digital funcionará como cualquier criptomoneda pero con el respaldo del BCE. Se almacenará en una cartera electrónica o wallet vinculada a una cuenta en un banco o intermediario habilitado y se permitiría realizar pagos en comercios físicos, tiendas online, transferencias a otras personas, etc., tanto con conexión a Internet como sin ella.
Es decir, funcionará como una especie de efectivo digital, desde el teléfono móvil, una tarjeta o dispositivo equivalente.
El sistema se diseñará para ser sencillo, universalmente aceptado en todos los países de la zona euro, y con las mismas garantías de fiabilidad que el dinero actual emitido por el BCE.
¿Será accesible para todo el mundo?
Ese es el objetivo. El Euro digital está concebido como un medio de pago público, accesible para cualquier persona o empresa dentro de la zona del euro.
Dado que complementará, y no sustituirá, al efectivo, también se preservará la posibilidad de uso de dinero físico, lo que garantizaría su accesibilidad incluso para quienes no utilicen servicios digitales.
“Más allá de las dudas de muchos, se prevé que tenga la misma universalidad que el efectivo tradicional, con aceptación en comercios, posibilidad de pagos entre particulares, por ejemplo, y sin necesidad de recurrir a sistemas privados extranjeros” explican algunos expertos.
¿Será la antesala a que deje de existir el dinero (físico)?
No necesariamente. La coexistencia de ambas formas de dinero (digital y físico) permitiría preservar la libertad de elección del ciudadano. Por tanto, la llegada del Euro digital no significa automáticamente el fin del efectivo.
Aun así, su implementación dependerá de decisiones políticas, normativas y técnicas, y su éxito dependerá de la aceptación social, su facilidad de uso y la garantía de que conviva con el dinero tradicional sin eliminarlo.







