El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) en España es el tributo directo que grava la renta obtenida por los residentes fiscales durante un año natural. Tiene carácter personal y progresivo, lo que significa que paga proporcionalmente más quien obtiene más ingresos; por ello se divide en tramos de base liquidable a cada uno de los cuales se le aplica un tipo impositivo diferente.
Esta progresividad es un elemento central del sistema tributario español y se mantiene para la campaña de la declaración de la renta correspondiente a 2026 (sobre el ejercicio fiscal 2025).
La base liquidable se obtiene tras restar a los ingresos brutos —suma de salarios, rendimientos íntegros, rendimientos de capital, etc.— las reducciones y deducciones legales (como el mínimo personal y familiar, entre otros) que correspondan a cada contribuyente en función de su situación personal y familiar.
Los tipos no se aplican sobre toda la renta de forma uniforme, sino por tramos, de manera que cada porción de la base liquidable paga un porcentaje distinto según el tramo en que se sitúe.
España combina tipos del Estado y de las comunidades autónomas, por lo que el porcentaje final que soporta un contribuyente puede variar en función de su lugar de residencia; sin embargo, existe una tabla básica estatal que sirve de referencia para orientarse.
Cómo son los tramos del IRPF para 2026
Para la declaración de la renta de 2026, que recoge los ingresos de 2025, la estructura estatal general de tramos se establece con seis escalones de base liquidable, progresivos de menor a mayor carga fiscal:
El primer tramo acoge las rentas más bajas y parte de la base liquidable tributará al tipo más reducido. A continuación, conforme la base liquidable aumenta, cada porción adicional se encuadra en tramos sucesivos con tipos cada vez más altos. Estos tipos básicos, combinando la parte estatal (y promediando los autonómicos), son aproximadamente:
- Hasta 12.450 € anuales: tipo marginal del 19%
- Desde 12.451 € hasta 20.200 €: tipo del 24%
- Desde 20.201 € hasta 35.200 €: tipo del 30%
- Desde 35.201 € hasta 60.000 €: tipo del 37%
- Desde 60.001 € hasta 300.000 €: tipo del 45%
- Por encima de 300.000 €: tipo máximo del 47%
Este conjunto constituye los tramos básicos del IRPF estatal para 2026; sobre ellos cada comunidad autónoma aplica sus propias modificaciones que pueden elevar o ajustar ligeramente los tipos efectivos en cada tramo.
El modo de aplicación tiene implicaciones prácticas clave: los tipos se aplican por partes de la base liquidable. Por ejemplo, si una persona tiene una base liquidable de 30.000 €, no tributa un 30% sobre los 30.000 € totales, sino que la parte hasta 12.450 € paga al 19 %, el segmento entre 12.451 € y 20.200 € al 24%, y la fracción hasta 30.000 € al 30%. El resultado es una cuota íntegra global progresiva que surge de sumar las cantidades resultantes de cada tramo.
¿Cómo interpretar los tramos en la declaración?
La primera clave para comprender dónde sitúa Hacienda a un contribuyente es calcular correctamente la base liquidable, que resulta tras restar a los ingresos brutos deducciones como el mínimo personal y familiar, las reducciones por rendimientos del trabajo, gastos deducibles legalmente reconocidos, etc. Ese valor neto es lo que se somete a la tarifa de tramos.
Una vez establecida la base liquidable total, el cálculo de la cuota íntegra se hace tramo a tramo, sumando la cantidad correspondiente a cada segmento de renta. Posteriormente, a esa cuota íntegra se le aplican deducciones generales y personales que reduzcan la deuda fiscal final. El resultado será la cuota líquida, que es lo que finalmente se compara con las retenciones y pagos a cuenta efectuados durante el año para determinar si Hacienda debe devolver dinero o si el contribuyente debe abonar un importe adicional.
Entender la progresividad de estos tramos es fundamental para prever cómo variará la carga tributaria en función de pequeños cambios en la base liquidable. Subir ligeramente de tramo no implica que todo el ingreso se grave al tipo más alto, sino que solo la parte que excede el límite del tramo anterior tributará al porcentaje mayor, preservando así la lógica progresiva del impuesto.
Factores que influyen sobre los tramos individuales
La aplicación efectiva de estos tramos en la declaración de la renta no depende únicamente de las tablas estatales. La normativa del IRPF permite que las comunidades autónomas ajusten los tipos sobre sus tramos de base liquidable, lo que puede elevar o reducir la tributación efectiva final de un mismo nivel de renta según el territorio de residencia. Esta doble dimensión (estatal + autonómica) requiere que el contribuyente revise tanto la tabla general como los tramos específicos de su comunidad.
Además, las deducciones personales y familiares, como las aplicables por hijos a cargo, personas con discapacidad, o por aportaciones a determinados planes de ahorro a largo plazo, también influyen en la determinación de la base liquidable y, por ende, en la parte de renta sometida a cada tramo.
Finalmente, la Agencia Tributaria y los asesores fiscales suelen recordar que la no deflactación de los tramos respecto a la inflación puede implicar que, con salarios crecientes, más contribuyentes se desplacen hacia tramos superiores aunque sus ingresos reales no hayan aumentado significativamente en términos de poder adquisitivo. Esto puede incrementar la recaudación efectiva del impuesto y modificar la planificación fiscal de los contribuyentes.







