Christine Lagarde asumió la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) en noviembre de 2019, en un momento de elevada incertidumbre global, tras una carrera en instituciones supranacionales y en la esfera política francesa, siendo previamente directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y ministra de Francia.
Su llegada supuso un cambio en el estilo de conducción de la política monetaria del BCE: un liderazgo pragmático, con énfasis en la deliberación técnica, el consenso y una interpretación adaptable del mandato de estabilidad de precios.
Desde el primer día, Lagarde ha subrayado que las decisiones de política monetaria deben fundamentarse en datos económicos actuales y que el objetivo central del BCE —anclar la inflación al 2 % a medio plazo— seguiría siendo la brújula de su gestión.
Bajo su mandato, el banco ha transitado desde un entorno de inflación extremadamente elevada tras la pandemia hasta fases de estabilización de precios y comenzado a explorar instrumentos y estrategias orientados al futuro del dinero y a la fortaleza del euro en un contexto global cambiante.
¿Cuáles han sido sus desafíos y cómo los ha afrontado?
Lagarde llegó confrontando una economía de la zona del euro marcada por una inflación que se había disparado por encima de los objetivos tradicionales de los bancos centrales.
En ese contexto, el BCE había iniciado un ciclo de endurecimiento monetario para frenar las presiones de precios, elevando los tipos de interés desde niveles negativos hacia cotas desconocidas en años recientes.
Al asumir, Lagarde heredó tanto la necesidad de contener la inflación como la de gestionar las expectativas del mercado acerca de la senda futura de la política monetaria. Su respuesta fue aplicar un enfoque metódico: priorizar decisiones basadas en análisis de datos, comunicar con transparencia los motivos de cada movimiento y ajustar el instrumento más eficaz según la evolución de los precios y la actividad económica.
Además, jugó un papel clave en la revisión de la estrategia de política monetaria del BCE, que incluyó un análisis crítico de cómo los cambios estructurales en la economía —desde la digitalización hasta las tensiones geopolíticas— podían afectar a la inflación y a la transmisión de la política monetaria. Esta actualización permitió al Consejo de Gobierno consolidar una base analítica más sólida para responder a desviaciones de inflación, tanto al alza como a la baja, sin atarse a automáticamente a un único camino preestablecido de tipos de interés.
Cinco ejemplos de medidas o políticas implementadas
Uno de los actos más visibles de su presidencia ha sido la gestión de los tipos de interés oficiales que el BCE utiliza para influir en el costo del crédito y la actividad económica. Tras un período de subidas para controlar la inflación, bajo su dirección el Consejo de Gobierno comenzó a reducir nuevamente los tipos de interés cuando las cifras de precios mostraron signos de descenso hacia el objetivo del 2%.
Estas reducciones, ejecutadas de manera gradual, reflejan la capacidad del BCE de pivotar la política en función de la evolución real de los datos económicos sin compromisos rígidos sobre futuros movimientos.
La puesta en marcha de una facilidad permanente de liquidez en euros accesible globalmente fue otro hito de su mandato. Esta medida amplía la red de apoyo de liquidez del BCE a bancos centrales extranjeros, dotándolos de capacidad de financiación en euros en situaciones de tensión financiera global, y refuerza la posición del euro como moneda internacional de reserva y transacción.
En el terreno de innovación y preparación institucional, Lagarde ha impulsado el avance del proyecto del euro digital, tanto en la exploración de sus aspectos técnicos y legales como en la coordinación con las instituciones europeas para crear el marco regulatorio necesario. Aunque la introducción efectiva todavía depende de decisiones futuras, acelerar este proceso responde a los desafíos de la digitalización de los pagos y la competencia de activos privados como las “stablecoins”.
Sobre la estrategia de estabilidad financiera, su presidencia se ha caracterizado por enfatizar la importancia de que el BCE esté preparado para responder a riesgos sistémicos a través de sus instrumentos macroprudenciales y políticas que aseguren la resiliencia del sistema bancario ante eventos inesperados.
Finalmente, en el plano internacional, Lagarde ha defendido una mayor armonización de normas financieras y de regulación de activos digitales, abogando ante legisladores y actores globales por marcos que reduzcan los riesgos de mercado y fortalezcan la autonomía financiera europea frente a innovaciones no reguladas o desequilibrios globales.
¿Cuáles son los retos que faltan por hacerse?
El proyecto del euro digital sigue sin fecha firme para su lanzamiento comercial, en gran parte por la necesidad de completar el marco legal y las decisiones operativas que garanticen seguridad, interoperabilidad y aceptación generalizada en todo el bloque.
Mantener la inflación anclada al objetivo sin frenar el crecimiento requiere de ajustes ágiles de la política monetaria y una evaluación continua de riesgos emergentes.
También persiste la necesidad de fortalecer la resiliencia del sistema financiero frente a innovaciones no bancarias, como los activos digitales privados, que pueden crecer rápidamente sin las protecciones regulatorias adecuadas. El BCE bajo Lagarde ha señalado estas amenazas, pero queda por consolidar un marco regulatorio internacional eficaz, coordinado entre jurisdicciones.
En el ámbito internacional, reforzar la posición global del euro ante el predominio del dólar estadounidense sigue siendo un objetivo estratégico. Aunque la expansión de la facilidad de liquidez en euros es un paso, avanzar hacia un sistema financiero europeo más integrado y atractivo para inversores internacionales será un reto a largo plazo.
¿Qué perfil se postula para seguir su legado?
En el debate sobre el sucesor de Lagarde en el BCE circulan varios nombres que reúnen experiencia técnica en política monetaria y credenciales de gestión macroeconómica.
Entre ellos destacan figuras como Pablo Hernández de Cos, antiguo Gobernador del Banco de España, conocido por su enfoque riguroso en estabilidad de precios y supervisión bancaria; Klaas Knot, ex presidente del banco central holandés, con experiencia en política monetaria y en foros internacionales; Isabel Schnabel, miembro del Consejo Ejecutivo del BCE con profundo conocimiento de regulación financiera; y Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, con amplia trayectoria en análisis económico y compromiso con la autonomía del banco central.
La eventual designación podría equilibrar la necesidad de continuidad de la orientación técnica del BCE con consideraciones de equilibrio geopolítico en Europa.







